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domingo, 11 de octubre de 2015

Manuela.

Sentada delante del ordenador, Manuela no daba crédito a lo que leía. Habían seleccionado su currículum de entre los miles de currículums enviados para formar parte del equipo de profesores de la Universidad de Michigan. Entraría en la Facultad de Arte, concretamente en el College of Literature, Science & the Arts, y tendría que buscarse casa en Ann Arbor, ciudad que acoge a la prestigiosa Universidad.

Había estado buscando una oportunidad parecida, meses, quizás años, quizá toda su vida, y ahora que por fín la conseguía, estaba paralizada y le temblaba hasta el último pelo de la cabeza. Daba paseos por la casa, descalza, en camiseta y unos calzoncillos viejos que Ernesto dejó allí olvidados en uno de sus encuentros (los había hecho suyos sin intención alguna de devolvérselos), y con el teléfono en la mano, dispuesta a marcar el número de Alicia. "No", pensó, "Mejor se lo cuento esta noche, junto a las demás, en la cena de amigas". Quería digerir la noticia, que fuese por un momento sólo de ella, y quería empezar a fantasear con su nueva vida al otro lado del charco.

Lo cierto es que Manuela nunca había encajado del todo en ningún sitio. Sentía que desde muy joven se pasaba la vida buscando su sitio, buscando un lugar donde encajar como la pieza del puzzle que falta, y ese lugar, curiosamente nunca era en el que ella estaba. En cada lugar buscaba además a un amor de cuento. A ese amor utópico que nunca llegaba pero que ella positivamente sabía que existía."¿Estará en Michigan?" Tal y como lo pensó se emocionó muchísimo, pero luego pensó en Ernesto y sintió mucha pena. Ernesto era ese tipo de hombre que podría enamorar a cualquiera...menos a ella. Era demasiado bueno, demasiado amoroso, era el novio perfecto, el yerno perfecto, el marido perfecto, el padre perfecto, el abuelo perfecto...Se imaginaba su vida con él tan perfecta, tan feliz...Peeeero se iba, se iba a Michigan, y Ernesto no, así que la perfección hecha hombre tedría que buscarse en otro sitio. Igual estaba en lo más profundo del lago!! Vete a saber...Tal y como pensó esta tontería, rió ella sola. No estaba muy segura de que su relación fuera sólida, pero en sus ojos veía cómo la miraba y le daba pena.

La noche empezó siendo fantástica, todas reían y bebían cervezas, hacía una temperatura magnífica y estaban guapas. La música era estupenda y la semana había sido dura. Alicia llegó la última,y desde el principio manuela la notó rara. Se pidió dos cervezas del tirón, y casi que se las bebió como el agua. La miró, con esa mirada que sólo tienen dos amigas que son amigas desde los 7 años y se conocen como hermanas, y sin dejar que le preguntara, Alicia espetó un "¿Qué pasa?" que hizo que Manuela se abstuviera a comentar absolutamente nada más. Fué en los postres, tras varias cervezas y copas de vino, cuando se lanzó y lo comunicó. Se marcharía el mes siguiente, ya estaba tramitando el visado, y ya tenía apalabrada la residencia donde se quedaría los primeros días hasta encontrar algo más grande.

La primera en empezar a llorar fue Alicia, todas la miraban, sabía que entre ellas dos la amistad era mucho más fuerte que con ninguna, pero lloraba un poco desproporcionada, como si en vez de irse a trabajar se fuera a ir a la guerra o les hubiese comunicado una enfremedad terminal. Hubo un momento casi cómico en el que todas se miraban y Alicia se sonaba los mocos para seguir con la llantina absolutamente fuera de sí.
La noche terminó con todas en un estado de semidiosas bailando en la pista abrazadas y dándose muchos besos.

Ernesto llegó en el momento en que Manuela iba al baño a vomitar.

- Shiempre llegash cuando másh te neceshito Erneshtito....Eresh la leche.

Lo siguiente que recuerda es el amanecer sóla en su casa completamente vestida. 
El día de resaca iba a ser duro. 

Descolgó el teléfono y llamó.
- Ali, soy yo, ¿cómo estás?
- Bien, tu sabes, ibuprofeno, ducha y arriba!
- ¿Comemos juntas?
- No puedo, hoy voy a ver a mi madre.

Silencio...

- ¿A tu madre?
- Sí
- ¿Y eso?
- Porque es mi madre.
- Ok, hablamos luego.
- Ok, Adiós.
- Adiós.

Colgó, estaba clarísimo, "A ésta le pasa algo".

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