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miércoles, 16 de noviembre de 2016

16 de Noviembre.

El 16 de noviembre del año 2013 Juan ya había nacido a esta hora. 

Mi embarazo me lo pasé entero andando por esta desconocida ciudad, viendo crecer mi barriga y compartiendo momentos gracias al maravilloso universo 2.0.

La recta final del emarazo fue un coñazo. Frío, pesadez e incertidumbre. Pero el 16 de noviembre de 2013 a las 3.33 de la madrugada se cerró un ciclo y se abrió otro, a tope de oxitocina y de dudas, de miedos y de ganas de lucha.

Juan nació con los ojos abiertos, fue lo primero que ví, sus ojos. Con eso me bastó para saber cómo estaba, estaba muy muy vivo y muy muy despierto. 
Juan era mi pastelito, mi pequeña baguette que me salió del horno con una parte un poquito más morenita. Mi niño y su nevus en su pierna. 
Su ser. 
Era él en ese momento, y será él para siempre. Mi maravillosa creación. Mi alegría de vivir, mi razón por la que luchar ese y todos los días de mi vida.

No me suelen gustar nada las ñoñerías y cursiladas que rodean la maternidad. Esas madres que nos creemos en el cúlmen de la vida sólo por el hecho de haber sido madres. Que ya no hay nada más allá de nubes, corazones y cielos rosas o celestes. Para mí ese momento fue animal, salvaje, puro, intenso y real. Muy real. Hago balance. Días malos, muchos, días buenos, muchísimos más. Dificultades, todas, facilidades todas y más.

Ahora, tres años después, lo que sí me apetece es hablar de tí. Dedicarte estas palabras porque es lo mínimo que te voy a dedicar hoy. 

Hoy para mí, para siempre, será un día frío, neblinoso, casi lluvioso. Exactamente igual que cuando llegaste. Hoy 16 de noviembre te has ido al cole, andando contento con un paquete de caramelos, un gorro de lana y una bufanda, tu mochila y una vida entera por delante. ¡Campeón!

Siempre siempre estaré cerca de tí.

Feliz cumpleaños mi niño precioso. Felicidades JUAN.

miércoles, 12 de octubre de 2016

Un día como otro cualquiera.

Inspira...

Llena todos tus pulmones de aire. Respira, suelta el aire con fuerza... Otra vez, inspira,más, más, más! Suelta!...

Cierra los ojos, ladea la cabeza a la izquierda... a la derecha... delante...detrás...en circulo.

Intentaba recordar toda la serie pero no se acordaba así que se la inventaba según le viniera la inspiración. Estaba claro que necesitaba aprender eso de la meditación. Definitivamente no sabía meditar. Cerraba los ojos, intentaba dejar la mente en blanco "¿Es eso posible? Si los Budistas lo dicen..." 
Pensar en una cascada de agua, en la playa, en un color, en una flor...pero su cabeza era más rápida y siempre se metía en los ricones más recónditos de sus recuerdos, en su presente más vivo o en la idea de un futuro corto, medio o largo, daba igual.

"Bueno, esto es un buen comienzo. Por algo se empieza. Vamos avanzando".

Los días transcurrían con el éxito de lo cotidiano. Era feliz. Se encontraba agusto con su vida a pesar de que no era exatamente como la pensó un día. "Al fin y al cabo", pensó, "esto le debe pasar a todo el mundo,seguro"

Tomó un té, con dulce. El dulce le ayudaba a pensar. Salió a la calle, estaba mejor, el sol calentaba y había una brisa agradable. Se dio un largo paseo y estirar las piernas le sentó de maravilla. Se miraba en algunos escaparates. "Tengo buen aspecto".

De pronto, como si una fuerza envolviera su cuerpo, una fuerza incontrolable que no pudo prever, y que no vio venir,  empezó a volar. No sabía exactamente en qué momento había aprendido, pero lo cierto era que volaba. 

La ciudad estaba a sus pies, era preciosa desde las alturas. La gente era pequeña, parecían hormigas caminando rápido de un lado a otro. "¡La prisa mata amigxs!" y reía, reía fuerte.

¡Qué suerte tuvo, justo volar cuando más lo necesitaba! Estaba claro, no sabía meditar pero sí sabía volar. Eso debía tratarse del Karma. "Esto es lo que está de moda no? El Karma, volar... Pues bueno, es más fácil de lo que pensaba!" Se pegó un paseo volando por todos los sitios a los que andando no llegaba. Vio cosas que andando no veía, y pensó que tendría que hacerlo más a menudo porque andar como todo el mundo, al final, no le llevaba a ninguna parte.

Pero duró poco, cayó al suelo. Se hizo un poco de daño. Pero aprendió. 

"Todos los días se aprende algo nuevo. Eso está claro".

Volvió a casa, se sentó y se puso a trabajar. Eras las 11:11 h.

"Mañana más y mejor" y sonrió.