Hay personas que tienen la imagen de la derrota en el rostro. Bueno, no sólo en el rostro, también en sus cuerpos, en sus figuras, en sus andares, en su ser.
A este señor me lo cruzo todos los días. Lleva una americana,unos vaqueros,unos zapatos mocasines, una camisa, unas gafas redondas, y el cabello despeinado. La americana está sucia,descuidada,la camisa en su día fue blanca,los vaqueros los sostiene un viejo cinturón a duras penas y los mocasines,también algún día, fueron bonitos.
En su paso,intenta parecer sobrio, hace grandes esfuerzos por no tener que apoyarse en la pared y su mirada va fija en algún punto en el horizonte,siempre evitando cruzar su mirada con la mía u otros viandantes. Para los demás, este señor es invisile,pero para mí no.
En su desorden vital (que doy por hecho que debe tener), tiene una rutina bastante marcada y aunque no sea con los mismos fines, tiene unos horarios parecidos a los míos. Todos los días, a las 11.45, me lo cruzo, yo calle arriba y él calle abajo, siempre con ese paso "pseudofirme", y la mirada al frente. Se cuida bastante de esconderla,pero en su mano izquierda, como si fuera una cartera o bolso de mano lleva cada día una botella nueva.
Imagino que se dirige a su casa, solo, a sentarse y a beber. Imagino cómo tendrá la casa, qué habrá en su nevera, pero sobre todo imagino lo triste y duro que debe ser para él.
Beber y beber hasta quedarse dormido, y que pasen los días cuanto antes por favor.
Su apariencia me dice que en un tiempo pasado no estuvo mal. No es excesivamente mayor, quizás cincuenta largos o sesenta y pocos. Su forma de vestir también habla. Habla de alguien a quien le gustó cuidarse, a quien no le importaba gastar un poco más en ropa, mejor calidad que cantidad.
Ahora habla de derrota. Cualquier cosa que le haya pasado por más o menos fuerte o más o menos dura que haya sido, ha podido con él.
Se ha dejado llevar por la compañía que le ofrece la botella que repone cada día.
Este señor ha tirado la toalla y me lo dicen sus ojos.